| |
La restauración cerámica consiste sobre todo en reforzar
la pieza que cuando sufre un golpe, por lo general no
solamente se producen las roturas visibles sino que con
frecuencia en el interior de la pieza se forman pequeñas
grietas que ponen en riesgo toda la estructura. Estas
fisuras se deben detectar a tiempo, antes de que a su
vez, por el manejo o los movimientos, se conviertan a su
vez en roturas o faltantes.
La cerámica prehispánica se nombra según la época, el
sitio arqueológico donde fue encontrada, el grupo étnico
que la produjo, o la influencia que parece ostentar. Son
de barro cocido a bajas temperaturas, y las hay
vidriadas en color y con incrustaciones de origen
orgánico o mineral. Cada elemento al restaurar se trata
indistintamente, y se trabaja hasta el final la pieza
como una totalidad. Una vez que la pieza ha sido
asegurada, se reponen los faltantes con materiales
similares en textura y color. En ocasiones es necesario
denotar la intervención con un cambio de color que de no
ser así sería difícil advertirla.
En el caso de las piezas modernas, regularmente reciben
el nombre del inventor de la técnica con que fueron
elaboradas, pero con frecuencia se les da el nombre del
lugar que las produce, que normalmente es el sitio en
que se encuentra la arcilla de que están compuestas en
su mayor parte.
Las piezas de cerámica, sufren durante el horneado una
especie de encogimiento al perderse la humedad del
material con que están hechos, de manera que se produce
una tensión interna en la pieza que conserva para
siempre. Al romperse la pieza, se rompe también esa
tensión lo cual en ocasiones se traduce en torceduras o
“alabeados” que generalmente el conservador respeta
porque son parte de la historia de la pieza, lo cual la
hace parecer como deforme después de la rotura, y que es
imposible de ocultar sin dañar el original. Esta
apariencia, siendo normal en piezas de museo que han
sido restauradas, puede ser vista como una anomalía
cuando se trata de elementos utilitarios como una
vajilla piezas de ornato.
Por otra parte, la restauración de porcelana vidriada
implica devolver el brillo obtenido durante la última
horneada, tras resanar la pieza, la rotura se cubre con
color aplicado con pincel de aire o con puntos o líneas
muy finos dependiendo del diseño o decoración de la
pieza, y finalmente, se barniza con resinas sintéticas
al mismo tono del original.
Así, la cerámica horneada, realizada ya sea en barro,
arcilla o porcelana, y que por ello llamamos “cocida”,
recupera por medio de la restauración su integridad
física, pero no su función utilitaria ya que la
restauración no implica volver a quemar la pieza.
|
|